Cartilla ID Y HACED DISCIPULOS
INTRODUCCION
Cuando Jesús ordenó la gran comisión: “Id y haced discípulos a todas las naciones” el propósito fundamental de este mandamiento era acrecentar cada día el número de personas para que recibieran el más grande de los privilegios que pueda alcanzar un ser humano el cual es: “Conocer y amar a Dios Con todo su corazón, con toda su mente, con toda su alma.” Mateo 22: 37
Amar a Dios es un privilegio reservado exclusivamente a los humanos y es por esta razón que somos especiales. Dice la Biblia: ¡Que somos la niña de sus ojos!
El agua, el viento, la tierra, los animales, fueron todos creados para nuestro beneficio, por la mano poderosa de nuestro Dios pero solo el hombre ha sido creado para El. a su imagen y semejanza.
Nos dice la Biblia: ”Con amor Eterno te he amado por tanto te prolongue mi misericordia. Jeremías 31: 3
Solamente el ser humano puede recibir este amor, y tiene la capacidad para responder de igual modo a aquel que lo ha creado. Perdernos el privilegio de amar a Dios, por cualquier razón es perder el auténtico sentido de la vida.
De ahí que el evangelismo es la labor de predicar las buenas nuevas de Salvación. El abrió la puerta, haciendo posible el arrepentimiento para poder recibir el amor a Dios, el cual está a disposición de hombres y mujeres de todo el mundo, por medio de su adorado hijo Nuestro Señor Jesucristo.
El objetivo de la evangelización, además de ser el medio para evitar que muchos se pierdan, es hacer que miles cada día se relacionen con su Amante padre Celestial. Nos dice la Biblia: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su hijo Unigénito, para que todo aquel que en el cree no se pierda más tenga vida eterna“ ( Juan 3: 16)
El deseo del padre es que todos le conozcan y le amen con la integridad de su ser.
Esto significa que el mensaje de evangelización tiene como intención conseguir que los hombres y mujeres se sientan seguros de que cuando mueran, no tendrán que enfrentarse a Dios como su juez, sino más bien como su Amoroso Padre.
La parte central de la evangelización es presentar al hombre a su Creador. La Biblia nos enseña que no podemos conocer al Dios vivo como Padre, mientras no nos hayamos arrepentido de nuestros pecados y hayamos sido perdonados.
Sólo a través de la experiencia de la conversión podemos convertirnos en sus hijos y tener derecho a llamarlo PADRE por medio de la Gracia de Dios que es en Cristo Jesús Señor Nuestro. Este es un privilegio no sólo para los adultos. En una ocasión Jesús reprendió a sus discípulos por no permitir que los niños se acercaran a El.
La Biblias nos enseña así: “Viéndolo Jesús, se indignó, y les dijo: Dejad a los niños venir a mi, y no se lo impidais; porque de los tales es reino de Dios.
De cierto os digo, que el que no reciba el reino de Dios como un niño, no entrará en él, Y tomándolos en los brazos, poniendo las manos sobre ellos, los bendecía. (Marcos 10:14-16)
El Señor Jesucristo indicó que si no tenemos la clase de fe que tienen los niños, nunca experimentaremos el Reino de Dios.
Y como expresión de ese amor sincero, natural y expontáneo como el que un niño manifiesta a su padre motivémonos para perseverar en el ministerio de Evangelización personal, para el cual hemos sido llamados
La Biblia nos enseña así: “No me elegisteis vosotros a mi, sino que yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca; para que todo lo que pidáis al Padre en mi nombre el os lo de.” Juan 15: 16
Debido a esta elección gravemos profundamente en nuestros corazones que la evangelización no es una obligación, no es una carga sino más bien una reacción natural de nuestro amor haca Dios, que fluye poderosamente en nuestra vida, tocando las vidas de los demás.
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